p e r f i l e s d e c i u d a d

viernes, 3 de agosto de 2018

Poesía apológica


No a los cantos guerreros
que incitan a la lucha a muerte
de aquellos que, gritando lo que piden,
luego no hacen lo que predican.
No a cantores de himnos enardecidos
que alientan a acudir con entusiasmo
a la cruenta batalla de la vida,
porque no serán ellos quienes llenen
de sangre los campos de combate,
sino los que escucharon
sus hipnóticas melodías.
No a las palabras que proclaman
vencer al enemigo, mientras ellos,
una vez lanzada la piedra,
disfrutan de los pingües beneficios
que con sus voces agitadoras consiguieron.
Callando luego,
dejarán desnudos a sus héroes
ante el peligro
para disfrutar del privilegio
de sus tronos.

miércoles, 1 de agosto de 2018

Yo


Yo, que fui otro yo
del que hoy soy,
reivindico la lucha
por conseguir el jugo
de aquel pasado almíbar,
que cuajó con los años
descomponiendo el dulce fruto
La realidad con su densa materia,
sus contornos confusos,
en una estructura frágil,
hizo ruina entre sus andamios.
No podrá evitar otro yo
olvidar el que fue,
para huir del presente
buscando al yo futuro,
con el único remanente
que fijó en tierra firme
la trayectoria de tus deseos.

martes, 31 de julio de 2018

Ingenua realidad


En la infancia, antes
que la consciencia
tenga percepción de los cambios,
el alma inocente vive
entre el reino terrenal y el quimérico.
No crecen los miembros,
sino que encoge el vestido
con el transcurrir de unas horas
medidas por un reloj confuso.
Un mundo que necesita
de un único reflejo,
hecho de amor y cobijo.

Antes que nos reconozcamos
más allá de nuestra propia imagen,
estuvo la mirada del otro
donde se vertió todo un infinito
lleno de dolor y ternura.
Precavidos de miedos absurdos,
pues no hay coraza frente al destino
pero sí cadenas para el espíritu,
comenzaron a forjar nuestro iris
los destellos de los ojos ajenos
que fueron lanzas de nuestro edén
o martirio.
Correr sin huir por la orilla
de un océano sin cerrado horizonte
ni fronteras,
lleno de abismos,
puesta, en lugar prometido, la vista.

En el laberinto de la mente,
trajo la marea su recuerdo,
el tibio cuerpo sentado
sobre la roca húmeda,
con aquel diminuto vestido
de blancos volantes
como espuma de olas.
Aquella roca, regazo de mi cuerpo
que el mar se tragó,
mar de infancia,
tan distinto y lejano,
dejó poso en el olvido.
Mi memoria no guarda añoranza,
cubre su salitre las heridas,
por otras aguas hoy pasea,
dejando que la marea renueve
su fondo profundo
y deje verter ríos cristalinos
al verde esmeralda de los sueños.