p e r f i l e s d e c i u d a d

jueves, 7 de junio de 2018

La historia


Por qué nos empeñamos
en hacer
una memoria objetiva,
si las palabras que comprimen
el paréntesis de nuestras cejas
no nos permiten construir
más allá de las propias posesiones.
Se agitan las voces en el circuito cerebral,
transitan los vocablos por infinitas avenidas,
como vagones de un tren
dirigidos a las estaciones ideológicas,
y parten a destinos a veces imprevisibles,
paisajes inhóspitos o de utópica belleza.
Qué importan los datos y números,
las fechas marcadas en un calendario
–siempre obsoleto–,
olvidados los hechos,
creadas las nociones convencidas,
al final simple asociación de ideas
que justifica lo que desembocó
en los andenes de nuestros ojos.
No es la historia el relato fidedigno,
sino la estela que dejó su biografía
en nuestros corazones.

miércoles, 6 de junio de 2018

Dulce hogar

La vida puede ser agradable,
confiada, serena,
el dulce hogar que nos cobija.
Tras la puerta se halla la amenaza
de un lobo.
Ha llamado a otros timbres,
a veces violentó sus ventanas,
invadía entonces sus espacios,
mordía los muebles,
destripaba el colchón,
se revolcaba entre las sábanas,
defecaba por todos lados
y dejaba los cuerpos
bañados en sangre.
Luego venía el cazador,
zurcía sus desgarraduras
recomponiendo el daño
de tan horrible ignominia.
Recuperadas las fuerzas,
algunos, los salvados de la muerte,
levantaron de nuevo sus castillos.
Tuvieron que limpiar de babas
todas las paredes y objetos,
esas íntimas pertenencias,
manchadas de su ira,
que se adhieren a nuestro cuerpo
como una segunda piel.
Tiraron las prendas despedazadas
que les vistieron en otras estaciones,
para cubrirse con pellejo curtido,
barrieron de todos los rincones
sus inmundicias y continuar
sin volver a ser los mismos.
Colgaron de la puerta,
después de la escaramuza,
el cartel de hogar, dulce hogar.

Vigilemos tras los visillos,
espiemos por la mirilla,
a cualquier ruido alerta,
pendientes del camino de entrada
a nuestro refugio,
donde, al amparo de sus muros,
fuimos un tiempo felices,
temerosos siempre,
siempre,
de cuándo volverá a atacarnos.

lunes, 4 de junio de 2018

Eterno renacer


Cada día renacemos y volvemos a morir,
cada vida comienza como un sol naciente
que avanza por el firmamento
desde la fresca y luminosa infancia.
Alcanza el cenit de su fuerza
en la poderosa y apasionada juventud
hasta que llega sin remedio su descenso,
cediendo espacio a su energía
entre los lánguidos rayos
que aún prometía su madurez.
Implacables, aparecen
los fríos malvas devorando
las entrañas de su ya débil luminiscencia,
y acaba exhausto y vencido
este dragón de fuego
que, finalmente,
es tragado por sus propias sombras.

Lo recibirá otro nuevo amanecer
tras ese ocaso.
En otro lugar distinto
proyectará como un nuevo sol.
Igual que un recién nacido
llegado al mundo,
su mismo recorrido,
ese eterno círculo vicioso
de morir y nacer,
nacer y morir,
prodigiosa parábola
que dibuja
el horizonte de la vida.